Los envases se rediseñan para mejorar picking, almacenamiento y distribución, con foco en resistencia, tamaño y eficiencia operativa.
La optimización de packaging para última milla se consolida como una variable crítica en la logística actual. Se priorizan envases más resistentes, compactos y eficientes, adaptados al picking, almacenamiento y distribución, en un contexto donde las marcas propias ganan volumen en canales digitales y exigen mayor precisión operativa.
El crecimiento del comercio electrónico y la complejidad del fulfillment impulsan este cambio. Estudios académicos sobre retail online señalan que el diseño de envases debe responder a exigencias específicas como resistencia, compatibilidad con automatización y eficiencia en costos, factores clave para garantizar la integridad del producto y la velocidad de preparación de pedidos.
En este escenario, el packaging deja de ser un componente secundario y pasa a ocupar un rol central en la cadena logística. De acuerdo con análisis de L.E.K. Consulting, la optimización del tamaño y formato de los envases permite reducir espacios vacíos, mejorar la carga y disminuir costos de transporte, lo que impacta directamente en la eficiencia de la distribución.
La relación entre envase y operación también se extiende al almacenamiento. Investigaciones sobre supply chain indican que un diseño adecuado facilita la gestión de inventarios, mejora el uso del espacio en depósitos y agiliza los procesos de preparación de pedidos, reduciendo tiempos y errores en el armado.
A su vez, la última milla se posiciona como el tramo más exigente del sistema logístico. Distintos estudios académicos coinciden en que esta etapa concentra gran parte de los costos y desafíos operativos, lo que refuerza la necesidad de contar con envases optimizados que acompañen la eficiencia del transporte y la entrega final.
